Cambiar la instalación eléctrica de una vivienda puede parecer algo innecesario, muy complicado o, sencillamente, una molestia que se puede pasar por alto. Pero en muchos casos no es así. En ocasiones, un cambio en la instalación eléctrica no sólo es recomendable por lo que pueda conllevar en cuanto a mejora de su funcionamiento. También de su seguridad.

En efecto, en cuanto una instalación eléctrica tiene una cierta antigüedad, se va quedando obsoleta. Hace tres o cuatro décadas no contábamos con tantos aparatos electrónicos que enchufar a la corriente eléctrica. Por tanto, en la actualidad, las instalaciones necesitan un nivel de potencia que antes no tenían. Como resultado, la instalación funciona de manera forzada, y puede tener fallos puntuales.

Además, estas instalaciones también estarán obsoletas en cuanto a normativas aprobadas. Y claro, cuanto más antiguo es el cableado, más desgastado está, lo que puede originar problemas. No precisamente de funcionamiento. Un cableado en mal estado puede provocar cortocircuitos, incendios, etc. Por eso, la mejor manera de evitarlo, si se sospecha que el cableado de una vivienda tiene unos 25 o 30 años, es estudiar su sustitución.

Cambiar la instalación eléctrica: cuándo hacerlo

El mejor momento para llevar a cabo el cambio de una instalación eléctrica es en el momento en que se hace una reforma. Bien de toda una vivienda o de una oficina o sólo de algunas de sus estancias, como la cocina o el baño. Porque el cambio puede hacerse de toda la vivienda o únicamente de algunas estancias.

El motivo principal para ello es que, a no ser que se decida lo contrario por cualquier motivo (estilo de la vivienda, comodidad, etc), habrá que hacer rozas para los nuevos cables en muchos casos. O levantar los rodapiés y pasar los cables por debajo. Eso sí, únicamente será necesario hacerlo si la instalación es realmente antigua.

Especialmente si los tubos que hay en el interior de la pared por los que van los tubos son los que se usaban hace 30 o 40 años. Hablamos de los denominados tubos Bergman, de color crema o amarillo. Estos cables son los que se utilizaban entonces para albergar en su interior los cables de la instalación eléctrica. Pero ya no, debido a que se demostró hace tiempo que son conductores del fuego. Un auténtico peligro en caso de incendio.

En ese caso, es conveniente retirar no sólo los cables eléctricos. También los tubos por los que van. Y después cambiarlos por otros aislantes y que estén libres de halógenos. Una vez hecho esto, se pueden pasar los cables por los nuevos tubos sin problemas.

Más cambios en la instalación

Durante una reforma se pueden valorar otros temas. Por ejemplo, si es conveniente sustituir los enchufes, o instalar otros nuevos. O añadir varios a los que ya existen. Es habitual que en las casas con una instalación eléctrica antigua haya menos enchufes de los que se necesitan en la actualidad. Como consecuencia, en los enchufes suele haber con frecuencia conectada una regleta. De esta manera se pueden conectar más aparatos a la red al mismo tiempo, aunque no es lo más aconsejable.

Cambiar la instalación eléctrica permitirá también la instalación de nuevo cableado y tomas de corriente. Tantas como se desee, aunque tampoco es conveniente llenar toda la casa. Eso sí, hay que plantificar cuidadosamente cuántos enchufes se necesitan y dónde hay que colocarlos.

Más decisiones: ¿cables por fuera o por dentro?

El cambio de la instalación eléctrica también requiere tomar más decisiones. El principal es establecer por dónde pasarán los nuevos cables. Si ya están hechas las rozas y van por dentro de las paredes en tubos que son resistentes al fuego, lo más sencillo es pasarlos por el mismo sitio que los antiguos. Lo mismo sucede si no es necesario añadir más enchufes.

Si la vivienda a reformar es antigua, es posible que el cableado esté a la vista. En ese caso, tocará hacer rozas para una instalación nueva. Sólo en caso de que el local vaya a tener un estilo determinado se pueden dejar a la vista. Tal y como estaba la instalación original, sólo que con cables nuevos. Por ejemplo, puede hacerse en estancias decoradas con estilo industrial. También si se trata de viviendas de estilo rústico. En otros estilos no queda bien.

Por tanto, en otro tipo de estancias será necesario diseñar una nueva instalación y decidir por dónde pasar los cables para las rozas. En muchos casos, sobre todo si la sustitución se hace en una vivienda convencional, se puede intentar pasar los cables por debajo de los rodapiés. Es la solución menos problemática, y la que a posteriori da un mejor acceso al cableado con menos problemas.

En caso de que se opte por colocar los cables por detrás de los rodapiés, habrá que levantarlos antes. Hechas las rozas, ya se pueden colocar los tubos donde irán los cables y los propios cables. Y finalizada la instalación, basta con volver a colocar los rodapiés en su sitio.

Como cambiar la instalación de una estancia

Para cambiar la instalación eléctrica de una habitación o una vivienda o local, lo más aconsejable es recurrir a un profesional de la electricidad. Sobre todo en caso de que haya que hacer rozas o sustituir los tubos en los que están los cables. En caso de que sólo haya que sustituir los cables, el proceso es más sencillo.

Por lo tanto, los que dispongan de ciertas nociones de electricidad y habilidades en reparaciones y reformas relacionadas con ella, pueden intentar ellos mismos el cambio. Para conseguirlo, lo primero que hay que hacer es, como es obvio, quitar la luz en la estancia o vivienda a reformar. Es decir, desconectar completamente la corriente. Acto seguido hay que dar con la caja de registro de conexiones que se encarga de proporcionar luz a la estancia o estancias que se van a reformar.

Este registro suele estar cerca de la puerta de entrada. Se trata de una tapa, que generalmente estará pintada del mismo tono que la pared. O cubierta de papel pintado. Hay que abrirla y desconectar los cables que corresponden a la zona en la que se trabaja.

Para evitar confusiones, conviene identificarlos debidamente. Por ejemplo, con papeles de colores pegados al cable. Así se pueden identificar de un vistazo. Una vez hecho esto, toca destornillar y sacar de su sitio todos los enchufes. Hay que hacer lo mismo con los interruptores de la luz. Es importante, cuando se hace esto, que cada cable que se suelte de los que dan a un enchufe, se localice e identifique, para saber cuál es su extremo en la caja de registro de la que parten todos los cables.

Con todos los cables sueltos e identificados, llega el momento de cambiar los cables. Para ello se necesita utilizar una guía pasacables, que se puede adquirir en un establecimiento de electricidad. Se coge esta guía por un extremo y se unen a ella, por un lado, los cables eléctricos que estaban instalados hasta ahora. Por otro hay que adherir a dicha guía los cables que se van a instalar para sustituirlos.

Después se puede pasar por el tubo desde el hueco que da acceso a los cables de la estancia, hasta que llegue a la zona donde se encuentra el interruptor o el enchufe. Allí habrá que conectarlo. Es una operación que hay que llevar a cabo con cuidado de que no se suelte la guía. Si esto sucede, habrá que empezar de nuevo con el proceso de cambio de cable. Una vez se termine de pasar, habrá que repetir la operación con todos los cables que se quieran cambiar.

Conectar cables y comprobar que todo funciona

Ya con todos los cables nuevos en su lugar, y conectados en los puntos deseados, es la hora de conectarlos a los enchufes y a los interruptores. Eso sí, hay que tener cuidado de no dejar los cables demasiado tensos. Si se hace, se pueden soltar con más facilidad. Por tanto, conviene que queden un poco flojos. Así, dado que no habrá tensión, no se soltará.

Ahora sólo queda repetir la operación en la caja del registro de la luz. Eso sí, también aquí habrá que tener cuidado de dejar el cable flojo por este lado. Exactamente por el mismo motivo que no hay que dejarlo tirante en la zona de los enchufes. Cuando están conectados todos los cables, llega la hora de cerrar la tapa. Ya sólo queda un paso para terminar: conectar la corriente.

Una vez hecho esto, hay que comprobar que todos los enchufes e interruptores funcionan correctamente. En caso de que alguno no se comporte como debería, no habrá otro remedio de abrir en el enchufe o interruptor por un lado y la tapa de registro por otro. Una vez comprobado que el cable está bien conectado, no tiene fallos y está enchufado donde debe, se puede cerrar de nuevo la tapa y comprobar si funciona. Salvo que el cable tenga algún defecto que no se vea a simple vista, debería funcionar sin problemas.

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