Con la llegada del invierno, las bajas temperaturas y el frío, llega el momento de encender la calefacción. También de contener la respiración al abrir la factura del gas o de la luz. Por eso, al acometer una reforma de gran calado, conviene también plantearse si no sería conveniente cambiar el sistema de calefacción por otro más económico y eficiente. Y explorar, por ejemplo, las ventajas del suelo radiante.

Pero antes de nada, ¿en qué consiste la calefacción de suelo radiante? Pues en un sistema de calor colocado bajo el piso y con el que el calor emana del suelo y se extiende hacia arriba. Para instalarlo hay que levantar el suelo y colocar un sistema de tuberías debajo de él. Por ellas circulará el agua caliente, y distribuirán el calor por toda la superficie. Hay dos sistemas: uno de ellos calienta justo el piso por debajo. El otro calienta una capa aislada y completamente separada del suelo de las viviendas.

Ventajas del suelo radiante: más económico

En la actualidad, el suelo radiante es el sistema de calefacción más económico y eficiente. En concreto, el sistema de emisión de calor que se consigue mediante la instalación de una conducción de agua conectada con la caldera. Eso sí, también se pueden conectar con otras fuentes de calor, como placas solares o bombas de calor. Estos tubos, eso sí, serán resistentes a la corrosión. Generalmente, serán de polietileno. De esta manera se evitarán fugas y problemas de humedades.

Como acabamos de comentar, las tuberías por las que circulará el agua que, al calentarse, emitirá calor, están conectados con la caldera. Esta, a su vez, estará controlada mediante un termostato, que permitirá que se encienda o apague la calefacción. El sistema también puede incorporar unas válvulas que regulen si se abre o se cierra el paso del agua a determinadas estancias. De esta manera se podrá controlar en qué habitaciones se pone o no la calefacción.

La temperatura necesaria para el calentamiento del agua que circula por estas tuberías es menor que la que se precisa para otros sistemas. Entre 30 y 45 grados, frente a los aproximadamente 80 que hacen falta en otros casos. Por lo tanto, consume menos energía en su calentamiento. Y supone un ahorro en la factura que puede rondar el 15%.

Aparte de poder seleccionar o no en qué puntos de la casa se activa el suelo radiante, la distribución de calor por la casa es homogénea, a diferencia de lo que sucede con otros sistemas de calefacción. Otra de las ventajas del suelo radiante.

Un sistema más cómodo y saludable

Dado que el aire caliente tiende a subir, la temperatura que se consigue con este sistema de calefacción es mayor a la altura de los pies y menor a la de la cabeza. Así se consigue un calor más cómodo y confortable, con menos sensaciones de agobio.

Además, por la manera que tiene de distribuir el calor, no produce corrientes de aire. Así, se produce menos polvo y el ambiente tiene menor sequedad, otra de las ventajas del calor radiante.

Por la mayoría de ventajas que acabamos de describir, los sistemas de calefacción radiante pueden funcionar durante muchas horas seguidas sin problemas ni peligros. Por lo tanto, es bastante recomendable para estancias, viviendas y edificios en los que haya personas durante muchas horas.

Otra de sus ventajas es que termina con uno de los inconvenientes de la calefacción convencional. Se trata de la ocupación de espacio. El suelo radiante no requiere ni radiadores ni calefactores. Por lo tanto, no ocupa sitio. Las paredes quedarán libres, y no habrá estorbos al paso. Ni en medio de las habitaciones ni en ninguna otra parte.

A la comodidad de no tener radiadores ni calefactores que ocupen sitio se une la estética. Los radiadores no tienen un aspecto muy agradable y moderno, y suelen romper con la decoración. Al no necesitarlos, el aspecto de toda la casa será más uniforme y agradable.

Además, puede cumplir una doble función en verano. En efecto, una de las ventajas del suelo radiante es que no sólo sirve para la conducción del agua caliente. También para la del agua fría, lo que refrescará el suelo, y por lo tanto, el ambiente de las habitaciones. Así, en verano se puede utilizar como sustituto del aire acondicionado tradicional. Bastará con conectar la bomba de manera que el sistema reparta frío por el suelo de la vivienda, y no calor. Al igual que sucede con este, el frescor ascenderá por la vivienda, aportando una sensación de bienestar a sus ocupantes.

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