Los efectos de la crisis económica en la industria de la construcción han repercutido considerablemente en nuestro sistema económico con secuelas importantes en la sociedad española en general. Los objetivos planteados desde Europa en materia de eficiencia energética, la deteriorada situación de nuestro parque de edificios y la compleja situación actual de nuestra economía parecen converger en una dirección: el nuevo motor de la economía actual es la rehabilitación de nuestros inmuebles.

Debido a la crisis que arrastramos desde el 2007, se han destruido aproximadamente 1.400.000 puestos de trabajo (1.200.000 en la construcción propiamente dicha y unos 200.000 en la industria auxiliar), han desaparecido más del 30% de las empresas relacionadas con el sector existentes en dicho año, y se ha pasado de construir 700.000 viviendas a no llegar a 60.000. Si bien es cierto que un reajuste inevitable en el sector era necesario, también es cierto que si no se reactiva la industria de la construcción no se recuperarán un porcentaje considerable de los empleos ni la actividad perdida en el sector constructivo.

La tendencia de crecimiento poblacional ha cambiado en la actualidad y ya no es necesario construir viviendas al mismo ritmo de los años anteriores para dar respuesta a la demanda demográfica. Ahora es necesario un sector de la edificación que satisfaga las necesidades de vivienda de la población, dedicado a asegurar la calidad de las viviendas, atendiendo a la resolución de sus carencias en lo que se refiere a la accesibilidad, la seguridad de uso y su adaptabilidad.

Creciendo a un ritmo de rehabilitación de 25.000 viviendas más al año, en 2025 se habrán rehabilitado un 14% del parque inmobiliario actual, y en términos de empleo, el sector de la construcción renovado puede crear entre 91.000 y 454.000 nuevos empleos, en función del impulso que reciba la rehabilitación y el resto de cambios propuestos para el sector. La contratación de trabajadores en rehabilitación generaría IRPF a la hacienda pública y le reduciría el gasto en prestaciones por desempleo; a la Seguridad Social le aumentaría los ingresos por la vía de las cotizaciones sociales de los trabajadores, y finalmente, la rentas del trabajo aumentan el consumo, con los multiplicadores que ello conlleva en impuestos directos e indirectos, y es que la rehabilitación de edificios es muy intensiva en mano de obra y tiene unos efectos importantes sobre el resto de la economía.

construccion

Sin embargo, una estrategia de rehabilitación de edificios como la que necesita España no puede ser puesta en marcha sin un claro compromiso político que la apoye, tanto mediante la adecuación de la normativa, como mediante un plan de dinamización dotado presupuestariamente. Será necesaria la creación de un modelo de financiación consistente en un primer momento en subvenciones directas por parte de la administración, acompañado de líneas de créditos subsidiados y préstamos a bajo interés.

Por otro lado es importante una campaña de concienciación a los ciudadanos para incrementar el conocimiento de la población en cuanto a la necesidad de implantar medidas de eficiencia y mejora de los edificios. Para ello hay que explicar las ventajas de la rehabilitación para conseguir una buena eficiencia energética, así como la necesidad de mantener y conservar los edificios y hacer ver que en este sentido se conseguirá una mejora en la calidad de vida, equilibrio en los gastos energéticos por familia, además de los beneficios económicos aportando un mayor valor de la propiedad y de las áreas urbanas.

La rehabilitación se presenta como un instrumento de una política amplia; la industria de la construcción se ve favorecida por un incremento de la actividad al servicio de un proyecto de sociedad que va más allá de la mera generación de renta, con el fin de reactivar el sector de la construcción como elemento fundamental de la recuperación económica.

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