A la hora de elegir qué tipo iluminación escogemos para nuestra vivienda, cada vez está más extendido el uso de LED, pero aún sigue siendo el gran desconocido a pesar de que los expertos nos hablan constantemente de sus virtudes frente a los sistemas de iluminación convencionales. Así que, antes de tomar una decisión tan importante (en la reforma de una vivienda hay numerosos puntos de luz que instalar) y, hacer frente al gasto inicial que suponen estas luminarias, más caras que las bombillas, halógenos o fluorescentes convencionales, lo mejor es informarse sobre su composición, beneficios y diferentes usos.

Luz LED

LED viene del inglés Light Emitting Diode que, traducido a nuestro idioma es Diodo Emisor de Luz. Un LED es un cuerpo sólido (lo que le hace ser fiable, fuerte, de larga duración y a prueba de vibraciones) semiconductor y, con una gran resistencia, capaz de emitir luz de forma muy eficiente y con alto rendimiento al recibir corriente eléctrica de baja intensidad. No tiene filamentos ni piezas mecánicas que puedan sufrir roturas o fallos por fundido sino que, están construidos por una cápsula de resina epoxi que contiene el cuerpo semiconductor de luz. Su “desgaste” es gradual a lo largo de su vida útil, es decir que, no tienen un punto en que dejen de funcionar.

Las ventajas de la tecnología LED con respecto a los sistemas de iluminación convencionales se pueden resumir en los siguientes puntos:

  1. La vida útil de una lámpara LED es de hasta 30 veces más que la de una incandescente o que la de un tubo fluorescente, 25 veces más que la de un halógeno y, 3 veces más que la de una de bajo consumo.
  2. Suponen un ahorro entre un 60% y un 90% en el consumo eléctrico.
  3. Tienen una vida útil entre 30.000 y 50.000 horas. En este punto, su flujo lumínico decae por debajo del 70% del inicial. Para hacerse una idea aplicada en nuestra vida cotidiana, 50.000 horas suponen 6 años de la lámpara encendida 24 horas al día, 365 días al año. Los LED no tienen pérdidas significativas de lúmenes hasta pasados al menos 10 años de uso normal en una vivienda.
  4. Las lámparas LED no necesitan cebadores ni reactancia, lo que supone menor consumo de energía.
  5. Con respecto a los fluorescentes convencionales, no producen el incómodo parpadeo ni necesitan pantallas reflectoras, emitiendo luz en un ángulo de 180° por lo que siempre se aprovecha el 100% de la luz emitida.
  6. Por su constitución, el encendido se produce al 100% de su intensidad e instantáneamente, desapareciendo los períodos de arranque y parpadeos. Además, no se degradan por el número de encendidos.
  7. No contienen mercurio, suponen un gran ahorro en el gasto de energía eléctrica lo que, conlleva una significativa reducción de emisiones de CO2 a la atmósfera al necesitar menos cambios de unidades por su larga vida generando menos basura y, no desprende calor, lo que puede llegar a repercutir en un menor consumo de aire acondicionado.

Los LED se adaptan sin ningún problema a las conexiones convencionales existentes en la actualidad, por lo que no es necesario un adaptador. Tan sólo hay que buscar el casquillo o conexión correspondiente a cada luminaria que ya tengamos en nuestra vivienda.

Los principales aspectos que debemos tener en cuenta a la hora de elegir correctamente que LED instalar en nuestra vivienda son la potencia en lúmenes reales, la temperatura de la luz y el ángulo de apertura.

Un LED puede llegar a generar por sí mismo entre 60 y 90 lúmenes. Existe una fórmula que puede llegar a ayudar a saber de forma muy real los lúmenes de una bombilla y, consiste en multiplicar x 70 el número de vatios. Pero, para hacerse una mejor idea, existen tablas como la expuesta a continuación que, nos facilitan mucho esta labor.

Consumo en Vatios
En cuanto a la temperatura, tenemos 3 opciones: blanco frío (5800K), blanco cálido (3000K) y, blanco puro (4500K). Aquí, lo que debemos tener en cuenta es, que estancia necesitamos iluminar: para salones y dormitorios lo normal es elegir un blanco cálido que haga una estancia más acogedora. Para baños y cocinas, lo mejor es elegir un blanco puro que, nos permita una iluminación más clara por los usos de estas estancias. La luz fría, es recomendable para espacios menos acogedores y más de paso como garajes o trasteros.

Por último, tenemos que tener en cuenta el ángulo de apertura conociendo de nuevo qué estancia necesitamos iluminar: para luz ambiental es mejor un ángulo más abierto (120°), para luz puntual (zona de estudio o trabajo) es mejor elegir un ángulo más cerrado (40°).

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