La reforma de una vivienda unifamiliar es un proceso más complicado que el de una que forme parte de un bloque de pisos. Para empezar no solo es necesario preocuparse de la reforma de su interior o sus ventanas y carpintería. También hay que preocuparse por su tejado o por reformar su fachada. Esto también sucede durante su construcción: también toca elegir cómo irá el tejado o uno entre los tipos de fachada disponibles para ella.

En efecto, hay diferentes tipos de fachada para elegir, y seleccionar la más conveniente no solo tiene que ver con los gustos y preferencias de los propietarios de la vivienda. Ni con el estilo de la misma. También con otros factores, entre los que está la exposición a los fenómenos atmosféricos, el clima en el que está la vivienda o el grado de aislamiento que se desea aportar a la casa. A continuación hablaremos de los distintos tipos de fachada.

Tipos de fachada: ligeras y pesadas

En la actualidad hay multitud de tipos de fachada con las que construir o reformar una vivienda. Eso sí, generalmente se pueden catalogar todas en dos tipos principales de fachada: ligeras y pesadas.

Las primeras se caracterizan por no guardar ninguna relación con la estructura de la vivienda, y son, como su nombre indica, bastante livianas. Además de esto, ofrecen diversas ventajas: su peso no es muy elevado, y su montaje y desmontaje es bastante sencillo. Eso sí, en el aspecto negativo, no son fachadas que cuenten con un gran nivel de aislamiento. Ni acústico ni térmico.

Por lo tanto, no son las más recomendables en entornos con mucho ruido ni en aquellos en los que las variaciones de temperatura entre estaciones son muy acusadas. Ni en los lugares en los que las temperaturas son extremas en invierno y/o en verano. Se pueden mejorar en cuanto a aislamiento, pero eso requiere una inversión adicional, por lo que suelen ser más caras de instalar.

En cuanto a las fachadas consideradas pesadas, son las que se levantan mediante materiales de construcción y sistemas tradicionales. Por ejemplo, las de ladrillo, piedra e incluso madera. Generalmente, sí tienen un papel principal y protagonista en la estabilidad del edificio, a diferencia de lo que ocurre con las fachadas ligeras.

Principales tipos de fachada ligeras

En la actualidad son dos los tipos de fachada ligera más populares: las fachadas panel y las de muro-cortina. Las primeras cubren toda la fachada, mientras que las segundas se colocan sobre ella pero sin carga en la vivienda.

Las fachadas de tipo panel están compuestas por diversos bloques del material elegido para el revestimiento que irá colocado en la fachada. Generalmente son piezas alargadas y estrechas, y van encajando entre sí como si se estuviese montando un puzzle. Eso sí, las fijaciones que unen las piezas entre sí están ocultas. Se encajan siempre en una misma dirección: de arriba hacia abajo. También puede montarse de un lado a otro, pero siempre sin cambiar de orientación.

Hay que tener en cuenta que este tipo de fachadas ligeras tiene algunas limitaciones. Pro ejemplo, los paneles que lo componen no se pueden doblar ni curvar. Por lo tanto, si hay que montar las piezas sobre una fachada con zonas curvas, en estas deberán montarse en vertical. De otra manera nos arriesgamos a que los paneles se rompan en las zonas curvas al intentar montarlos en horizontal.

En cuanto a los tipos de fachada conocidos como de muro-cortina, se caracterizan por no causar ningún tipo de carga en la vivienda. En vez de eso, está sujeta a la pared pero colocada dejando un espacio entre ella y la pared de la vivienda. Se coloca con la ayuda y el apoyo de distintas traviesas y montantes. Su aspecto no solo es ligero, sino que la fachada aparenta ser bastante delgada. Eso sí, no está exenta de resistencia.

En la elaboración y montaje de este tipo de fachada se utilizan diversos materiales que se pueden combinar entre si: aluminio, acristalamiento transparente y zonas de cristales translúcidos con distinto nivel de opacidad. En estas fachadas hay también zonas de relleno, en las que se pueden utilizar diversos elementos, también caracterizados por su ligereza. Entre ellos están la madera, el plástico y el vidrio.

Fachadas pesadas: las que forman parte de la estructura

Como hemos mencionado, estos tipos de fachada son los que emplean en su construcción y montaje diversos tipos de materiales de uso tradicional en el levantamiento y reforma de viviendas y todo tipo de edificios. Las principales son la madera, el ladrillo y la piedra. La mayoría de viviendas están fabricadas con estos tres elementos. Entre ellas están las fachadas de pizarra, cada vez más frecuentes en zonas urbanas y en localidades que están bastante lejos de ser consideradas “de montaña”, los puntos en los que se utilizaban tradicionalmente.

En cuanto a las fachadas de madera, se emplean generalmente en cabañas o viviendas campestres, y en la práctica totalidad de los casos cuentan con un cierto tipo de tratamiento para soportar bien el paso del tiempo y el efecto de la lluvia, el sol, el frío y el calor. Es habitual encontrarlas en casa prefabricadas, y su mantenimiento es bastante complicado y costoso.

Las fachadas de ladrillo, y dentro de estas las de ladrillo visto, son quizá las más comunes de todos los tipos de fachada: se encuentran en cualquier ambiente, y casi con cualquier estilo. No obstante, suelen predominar en viviendas de estilo algo antiguo. Se trata de un material de gran resistencia, y una de sus ventajas es que su mantenimiento es muy sencillo. Además, para repararlo no se necesitan acometer grandes obras. De ahí su popularidad, aunque también se debe a que son fachadas con un buen nivel de aislante.

Fachadas pesadas transventiladas y prefabricadas

Dentro de las fachadas pesadas, aparte de las de estos tres tipos, las que más se suelen encontrar son las denominadas transventiladas, muy parecidas por su montaje y acabado a las de tipo muro-cortina que hemos visto dentro de las fachadas ligeras.

Ofrecen un acabado de bastante buena calidad, y su construcción y reforma implica la creación de un armazón compuesto por elementos montantes, travesaños intermedios y, finalmente, el cerramiento. Este suele ser de materiales bastante diversos, con forma por lo general de placa o loseta de distintos tamaños.

Estas placas y losetas pueden estar fabricadas, por ejemplo, con materiales cerámicos o con piedra. Y su acabado puede ser o bien de aspecto rústico, más irregular, o liso. En este último caso, las losetas estarán pulidas y recubiertas por algún tipo de capa protectora mate o ligeramente brillante.

Como hemos comentado, esta fachada es muy parecida a la de muro-cortina, pero ofrece una diferencia fundamental con respecto a esta: sí tiene un papel muy importante en la estructura de la vivienda. De hecho, los montantes sobre los que va toda la fachada están unidos y anclados a los muros de carga de la casa. Por lo tanto, su bienestar y colocación en su lugar dependen directamente del estado de estos muros. Y en muchos casos, también al contrario.

Otra de las diferencias de este tipo de fachada con respecto a las de muro-cortina es el peso de los elementos exteriores. Es decir, de los revestimientos y cerramientos de la fachada. De estos dos tipos de fachada, el de la fachada transventilada tendrá un peso muy superior al del cerramiento de una fachada muro-cortina. También será mejor aislante térmico y de sonido que estas.

Aunque todavía no son tan populares, las fachadas prefabricadas comienzan a tener una presencia cada vez más notoria en los edificios de viviendas. Hasta ahora se han utilizado sobre todo en edificios de nueva construcción y en bloques de varias alturas. Pero cada vez se emplean más en edificios más bajos. Incluso en casas unifamiliares de una sola planta.

Eso sí, en la práctica totalidad de los casos se emplean en construcción de viviendas, no en su reforma. Esto se debe a que para su montaje sería necesario tirar toda la fachada del edificio. Es decir, echarlo abajo. Y entonces no estaríamos hablando de una reforma, sino de una demolición para volver a construir en el solar que quede después.

Estas fachadas se construyen en talleres y fábricas con espacio suficiente para su desarrollo y montaje. Se desarrollan por piezas. Generalmente, con dos o tres piezas a lo sumo por cada planta. Para ello se utilizan materiales bastante frecuentes en la construcción. Sobre todo la madera y el hormigón. Eso sí, al fabricar estas piezas hay que tener en cuenta que después se ensamblan con las otras como si fuesen un puzzle. Por lo tanto hay que desarrollarlas con los enganches necesarios para poder hacerlo. Tanto para las piezas de un mismo piso como para las que pueden estar en su parte superior.

Cuando las piezas para la fachada están acabadas y se han asentado, están listas para el transporte a su destino. Se trata de un proceso muy complicado, que debe hacerse con cuidado, y generalmente implica un transporte especial por carretera. Ya en destino todas las piezas, se ensamblan unas con otras y se aseguran. Generalmente, en el ensamblado no se emplean materiales adicionales, puesto que las juntas de las distintas piezas están preparadas para ajustar “en seco”.

En viviendas modernas: ventanales y jardines verticales

En la actualidad, las tendencias de construcción y reforma de las viviendas unifamiliares de estilo moderno están dejando paso a las fachadas con menos elementos opacos y que dejan pasar la luz. Es decir, a los ventanales de grandes dimensiones. En este tipo de fachadas se suele combinar el vidrio reforzado con el cemento o con recubrimientos de losetas ancladas a muros.

Generalmente, este tipo de fachada no proporciona demasiada intimidad para sus moradores, por lo que suelen encontrarse en casas de líneas rectas unifamiliares rodeadas de grandes extensiones de terreno. El suficiente para que la casa no se vea prácticamente desde la calle, ya que el terreno estará limitado por una valla o muro que lo delimite, con un portón de entrada al terreno y la vivienda. Suelen estar en urbanizaciones de las afueras de las grandes ciudades, e incluso en localidades de tamaño mediano y pequeño.

Este tipo de fachada ofrece unas vistas espectaculares, por lo que es recomendable instalarlas en viviendas situadas en entornos de gran belleza, o en casas con un jardín acogedor y amplio. Sin duda, son también las que proporcionan un mayor nivel de luz natural en la vivienda de todas las que hemos visto, lo que fomenta la creación de ambientes acogedores.

Una apuesta bastante rompedora en la construcción de edificios es la instalación de jardines verticales en las fachadas. La presencia de plantas trepadoras en ellas no es precisamente algo nuevo, porque sobre todo en zonas rurales no resulta extraño encontrar alguna casa en la que la práctica totalidad de sus muros están cubiertos por plantas trepadoras.

Muchos pueden pensar que de esta manera las plantas, al crecer y con el paso del tiempo, van deteriorando los muros. Pero nada más lejos de la realidad. En realidad, la presencia de vegetación, lo que hace es proteger la fachada de los efectos de los fenómenos meteorológicos. También alarga su vida y le aporta un extra de resistencia.

La creación de fachadas cubiertas por jardines verticales va más allá, puesto que lo que se crea son fachadas preparadas para fomentar y favorecer el crecimiento, en vertical, de diferentes tipos de flores y plantas. Hay diversos sistemas para crear este tipo de fachadas, que deberán elegirse en función del tipo de vivienda en construcción o reforma.

Generalmente, se llevan a cabo mediante la superposición sobre el muro de distintos paneles diseñados para que las plantas echen raíces en ellos, por lo que han de presentar diversos huecos. Pero también para que las plantas, al crecer, puedan irse “agarrando” a salientes para no caerse. Especialmente, en el caso de las plantas trepadoras, que deben contar con puntos de enganche para sus sarmientos.

No se trata de uno de los tipos de fachada más utilizados y convencionales, pero sin duda es el más original de todos los que hemos mencionado.

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