Al afrontar una reforma de gran calado en una vivienda, conviene preguntarse si es el momento de hacer cambios en profundidad en ella. Por ejemplo, creando espacios más abiertos en su interior. Pero seguro que te estás preguntando cómo. Pues muy sencillo: eliminando la separación entre dos o más estancias. Es decir, basta con unir espacios e integrar unos en otros.

Esta práctica, que resulta de gran utilidad si la vivienda es pequeña y se necesita más espacio, resulta bastante común en viviendas en las que los espacios que hay son demasiado pequeños y se necesita más amplitud. Lo habitual en estos casos es eliminar la separación entre la cocina y el salón, pero también puede reducirse el número de dormitorios uniendo dos para hacer uno más amplio. O para dotar a una habitación de un vestidor integrado. Las posibilidades para unir espacios son muy diversas, como veremos a continuación.

Unir espacios: cómo abordar el proceso

Para unir dos o más espacios será necesario tirar alguna pared. Para hacerlo hay que tomar antes una serie de precauciones. La primera pasa por comprobar que la pared se puede derribar sin perjudicar a la estructura de la casa ni causar problemas estructurales. Esto será posible en la mayoría de los casos, siempre y cuando la pared que quieres eliminar no sea un muro de carga. Esto es, de una pared que no está levantada solo para separar estancias. Este tipo de muro tiene además una función importante dentro de la estructura de la vivienda y el edificio: sostener el peso del edificio en el que está la vivienda y hacer que se mantenga en pie y estable.

Si se tira abajo un muro de carga, a tenor de lo visto, se puede comprometer la estructura de un edificio, e incluso ocasionar derrumbes. Por lo tanto, si te encuentras con que el tabique que quieres tirar es en realidad un muro de carga, mejor dejarlo en su sitio y optar por unir otras dos habitaciones de la vivienda que no tengan este tipo de muro. Pero ¿cómo reconocerlo? Por lo general, por su grosor, ya que es generalmente más grueso que otros tabiques.

Un muro de carga cuenta con, al menos, 30 centímetros de grueso, mientras que un tabique convencional no supera la decena. También suelen ser muros de cargar todos los que rodean escaleras. Y suenan distinto al resto. En muchos casos, si se da un golpe seco en un muro puede sonar ligeramente a hueco. Pero si suena como si se da un golpe a un elemento macizo y sin ningún tipo de hueco, el muro es de carga. Pero para estar seguros, es mejor pedir una opinión experta. Por ejemplo, a una empresa que sea experta en reformas en viviendas.

Juntar la cocina con el salón

Sin duda, los dos ambientes de una vivienda que más se integran cuando se trata de unir espacios. La cocina abierta al salón es quizá una de las peticiones de reforma más solicitadas. De esta manera se consigue una zona de cocina más espaciosa y luminosa, porque en muchas de las viviendas actuales, sobre todo en las más pequeñas, suele ser un espacio bastante reducido con el espacio justo para cocinar y poco más. Si se une al salón, se gana un espacio perfecto para colocar una zona de comedor. Y con sensación de amplitud.

Para poder hacerlo, eso sí, además de tener cuidado antes de tirar el tabique de separación, es necesario tener en cuenta algunos aspectos para que el efecto que se produzca al unir espacios sea el mejor. Para empezar, has de cuidar de que el suelo sea el mismo en ambos espacios. De esta manera conseguirás que la estancia tenga, tras la reforma, el aspecto de que la cocina y el salón siempre han formado parte de la misma estancia. Además, el resultado será mucho más elegante.

La integración visual de ambos espacios mejorará también si las paredes de la zona de salón y las de la cocina son del mismo color. Y si todavía quieres que haya más calidez, prueba a evitar los suelos de terrazo, tan típicos de las cocinas pero tan extraños en muchos salones. La solución está en instalar un suelo que a la vez que resistente frente a manchas de la impresión de que la cocina no es una cocina. Por ejemplo, con un parquet flotante fabricado a partir de materiales sintéticos.

Eso sí, aunque el espacio entre ambas estancias sea abierto, es recomendable colocar algún elemento a modo de separación. Por ejemplo, una barra de tipo americano. O una isla con algún elemento de cocina y armarios. Si no, se pueden utilizar como separadores algunos muebles. Por ejemplo, los sofás. En cualquier caso, hay que tener en cuenta también que el estilo del salón y de la cocina deben ir en consonancia. Es decir, no pega una zona de salón de inspiración zen con una zona de cocina de colores estridentes. También hay que cuidar el mobiliario. Por ejemplo, si en la zona del salón predomina la madera clara, una buena solución es encargar muebles de cocina del mismo tono.

Fusionar dos dormitorios en uno

La eliminación de los tabiques de separación entre dormitorios siempre rebajan los espacios de intimidad y descanso en una vivienda. Pero si, realmente, no hacen falta tantos dormitorios, se puede ganar espacio para el resultante. Por ejemplo, para crear en él un vestidor. E incluso, si te atreves, puedes unir el baño al conjunto, y unir más espacios.

Eso sí, en este último caso se ha de tener cuidado. Aunque sea mínimo, siempre hay que tener algo de separación entre el baño y el resto de la estancia. No solo por la posibilidad de que haya agua que pueda escaparse del baño. También porque quienes están utilizándolo o dándose una ducha querrán tener un poco de intimidad. A no ser, claro está, que seas el único ocupante de la vivienda.

Si no te decides, o no puedes, unir el baño al conjunto, una posibilidad es estudiar si en el espacio nuevo que ha ganado el dormitorio se puede hacer un vestidor. Con él no solo ganarás un espacio perfecto para guardar toda la ropa, los zapatos y los complementos. También para poder cambiarte con más espacio. Pero un vestidor, por el tipo de ambiente de que se trata, requiere una pequeña separación de la zona de dormitorio. Bastará con un ligero murete que divida ambientes.

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